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Think Orange

¡Ser feliz!

07 / 24 / 2016 — Lizy Cavazos

Seguramente te has encontrado ante la tan trillada pregunta “¿cuál es tu meta en la vida?” Y formas parte de la estadística del que ha respondido más de una vez “¡ser feliz!”.

Pero, ¿sabemos qué es “¡ser feliz!” en realidad? Y más aún: ¿cómo abonar para que no sea un simple cliché y sí una realidad en nuestras vidas y en las de nuestros seres queridos?

En pleno siglo XXI, nos vemos en la paradoja de que los grandes avances y logros en tecnología, comunicación, globalización y productividad también han generado, paradójicamente, las toxinas más nocivas contra la felicidad. El efecto se maximiza ante el hecho de que pocos las conocemos y muchos las perseguimos: hedonismo, consumismo, egocentrismo, competitividad desmedida, estrés, ansiedad, desórdenes alimenticios y hasta suicidios por presiones laborales.

Según algunos estudios recientes, el 100% de nuestra felicidad se distribuye de la siguiente manera: 50% es genética y se basa en nuestra carga inicial, en “nuestro ADN”; solo el 10% parte de nuestras circunstancias actuales (trabajo, ahorros, lugar de residencia, posición social, edad, etc); y el 40% restante la conforman nuestras actividades intencionales, aquello que decidimos hacer (deporte, aprendizaje, pasatiempos, etc) y nuestros hábitos cotidianos. La dopamina, neurotransmisor que genera placer, es despertada principalmente por actividades físicas, así que al cuidar nuestra salud física también procuramos por la mental; es decir, por nuestro grado de felicidad.

Aun cuando no existe una receta secreta ni una píldora mágica para la felicidad, la buena noticia es que todo está en nuestras manos y, con más precisión, en nuestro interior, puesto que son nuestros objetivos y valores intrínsecos los que más la incentivan.

Estudios en antropología y psicología han descifrado el común denominador de las personas con mayor índice de bienestar en el mundo, así que no sería mala idea empezar a ser parte de la buena estadística, con el “bucket list del ¡ser feliz!”:

1. Agradece todos los días: para ser feliz, hay que ser agradecido: el yo consciente. Basta con recordar la famosa “Pirámide de Maslow” y meditar sobre los escalones que ya hemos subido en nuestra vida, como necesidades básicas (comer, dormir, tener salud), generales (tener un techo y un empleo), sociales (familia y amigos), y de autoconfianza, autorrespeto y, por ende, autorrealización. Recordemos que somos privilegiados; al ser plenamente conscientes de esto, la gratitud surgirá día a día con naturalidad.

2. Mantén siempre tu capacidad de asombro ante la vida, sin dar nada por hecho: detox diario de la adaptación hedonista: el yo agradecido y antimaterialista. La mayor contaminación contra la felicidad es creer que está en directa proporción al grueso de nuestras carteras. Resulta que no es así, y esto es en razón de la adaptación hedonista: un concepto que explica cómo la naturaleza humana tiende a adaptarse a las circunstancias positivas de la vida, al punto de que incluso las situaciones más gratificantes dejan de serlo cuando se repiten con frecuencia. Esta, aunada a un consumismo sin precedente, resulta en un deseo insaciable y, por tanto, la pérdida de la satisfacción por lo ya alcanzado, pues nos acostumbramos rápido a un nivel de ingresos cada vez mayor.

Y, como se menciona en el documental Happy , el dinero cambia radicalmente la percepción de bienestar cuando cubre las necesidades inmediatas de techo y comida pero, una vez satisfecho este nivel básico, más dinero no compra felicidad. De hecho, la diferencia entre una persona que al año gana $5000 dólares y otra que recibe $50 000 es tremenda y, sin embargo, la que existe entre una con sueldo de $50 000 y otra de $50 millones no supone una gran variación en sus índices de felicidad. Esto último porque, aun si el monto de ingresos es mil veces mayor, en términos prácticos solamente representa más lujo (al que nos terminamos por acostumbrar), y no una mayor cobertura de necesidades básicas ni una mejor calidad de vida en general.

3. Busca tu “flujo”:el yo libre. Todo es cuestión de priorizar y de vivir con pasión; si te hace feliz, hazlo; si no, ¡mejor no! Solo tenemos una vida para disfrutar en todos los sentidos: personal, profesional e interpersonalmente. Así que no perdamos más tiempo y elijamos el “cómo sí” ser felices buscando el “flujo” en cada circunstancia. Este “estado de flujo” es una sensación de control total de las emociones en el que desaparece la autoconciencia y se abandonan los miedos y las preocupaciones. Solo en este estado podemos tener una sensación de plenitud y alineación emocional.

Mihaly Csikszentmihalyi explica así el estado de flujo en su libro Fluir :

“Un científico entra por la mañana a trabajar en su estudio y cuando menos lo piensa se da cuenta de que ya es de noche y ha pasado todo el día inmerso en sus tareas, sin ni siquiera alimentarse. Un alpinista escala las arriesgadas cumbres del Everest y mientras mantiene el control pleno del ascenso, siente que su cuerpo se funde con la roca. Una bailarina realiza con precisión y armonía una serie de complejos movimientos que hace parecer sencillos, al tiempo que ella misma se siente como flotando. Un cirujano acomete una delicada operación y mientras percibe con todo detalle la interacción entre su bisturí y el órgano del paciente, todo el entorno parece desvanecerse. Un amante hace el amor con su pareja y siente que se fusiona con ella y con el cosmos. Un gourmet saborea un elaborado plato y olvida que ha perdido su fortuna. Unos chicos saltan en monopatín y sus miedos se disipan. Un filósofo piensa y se olvida de que existe. Un músico toca el saxofón y su cuerpo es música. Un niño da sus primeros pasos y percibe que puede caminar...

“Todos ellos fluyen en una “experiencia óptima” y no sólo han escapado a la ansiedad y al aburrimiento, sino que, al hacerlo, han logrado poner orden en el caos reinante de sus mentes. Todos ellos están experimentando el disfrute y además de que recordarán la experiencia como algo placentero, obtendrán de ella el estímulo adecuado para buscar nuevos desafíos y hacer que sus personalidades crezcan y se tornen más complejas.

“Esa especie de epifanía, ese profundo sentimiento de alegría que han deseado durante largo tiempo y que representa la imagen de lo que quisieran que fuera la vida, no ha llegado a ellos por la gracia de su buena fortuna. Son ellos mismos, con el esfuerzo constante de sus mentes y de sus cuerpos, quienes han traspasado sus limitaciones y han propiciado una experiencia que va más allá del placer instantáneo de los sentidos, en el que se esconde la esencia de una vida feliz”.

4. Vive más desde tu interior que hacia el exterior: el yo rico. La verdadera riqueza radica dentro de ti. Existen dos tipos de metas o valores en la vida: objetivos intrínsecos (que dependen del yo) y extrínsecos (localizados en el exterior).

Los objetivos intrínsecos son necesidades psicológicas que todos tenemos y que nos permiten llegar a un “estado de flujo” mediante nuestra autorrealización (crecimiento personal), relaciones interpersonales (familiares y amigos) y un verdadero sentido de comunidad (ayudar a que el mundo sea mejor).

Los extrínsecos son los externos al yo y, por tanto, son de carácter material: éxito financiero, imagen, estatus, popularidad, entre muchos otros.

Como se menciona en el documental Happy1, la gente que se vuelca a lo extrínseco experimenta menos satisfacción en su vida y es más propensa a padecer enfermedades como depresión, ansiedad, anorexia, bulimia, etc.

Así que exploremos la riqueza en nuestro interior, pues la afincada en el exterior no nos garantiza la felicidad.

5. Busca un verdadero sentido de comunidad: ser feliz (yo) es cuestión de ser felices (nosotros): el yo en comunidad, el yo en familia. Sin excepción, la constante principal de las personas más felices en el mundo es la cercanía, consideración y solidaridad que mantienen con familiares y amigos en todo momento.

Contemplemos el caso de un país cuya población iguala prácticamente a la de Monterrey y su zona metropolitana. Dinamarca tiene hoy las mejores calificaciones en términos de felicidad en el mundo, gracias a sus niveles de igualdad social y calidad de vida. Todos los daneses disfrutan servicios gratuitos como educación (hasta universidad) y atención médica de por vida.

El ya citado documental Happy revela que el distintivo danés respecto al mundo es que hay un gran número de personas habitando en las denominadas co-housing communities, o cooperativas de vivienda comunitaria, que no existen en ninguna otra nación industrializada moderna.

En estas, varias familias cohabitan en un mismo terreno o edificio (lo que nos remite a los proyectos de usos mixtos y comunidades planeadas), y comparten beneficios y tareas. En pocas palabras, la idea de 20 familias juntas se transforma, a sus ojos, en la de una sola gran familia.

Así, con sus modelos de convivencia, las cooperativas cambian la vida de muchas personas en circunstancias difíciles: madres solteras sin trabajo, huérfanos, padres divorciados o viudos, etcétera.

Niños, jóvenes y adultos se ven beneficiados porque...
o Sienten el vínculo de amistad tanto en la escuela u oficina como en el hogar.
o Al comer juntos, se distribuyen las responsabilidades de la vida cotidiana; esto no solo vuelve eficiente la logística de las tareas sino que disminuye el desgaste emocional de realizarlas.
o Libera tiempo, comúnmente destinado en quehaceres, para invertirlo en convivencia de calidad entre las familias.
o Los niños tienen a gente mayor que los cuida de cerca y que incluso cumple roles de padres o abuelos “adoptivos”. Por su lado, los adultos mayores se benefician de la integración social hasta el fin de sus vidas.

En conclusión, para cultivar la felicidad requerimos un cambio de enfoque en el dejemos de obsesionarnos con lo que no tenemos y valoraremos lo que sí, para luego compartirlo con nuestros seres queridos. Lo más importante para llegar a ser feliz es adoptar un verdadero sentido de comunidad en nuestras vidas: desde el núcleo más inmediato e íntimo (la familia), hasta el grupo más grande (la humanidad). Y es aquí donde se torna tan relevante esta labor de desarrolladores inmobiliarios, entidades gubernamentales, líderes de opinión, profesionales de planeación urbana y social, entre muchos otros.

Es deber de todos pensar nuestras ciudades; y en particular es tarea de todo gran desarrollador inmobiliario concebir comunidades planeadas y proyectos de usos mixtos sustentables que privilegien un verdadero sentido de conexión social en nuestras urbes antes de pretender ser grandes proyectos de inversión.

Ser humanos debe ser nuestra prioridad como desarrolladores inmobiliarios. Encabecemos este movimiento humano en pro de la comunidad en las grandes ciudades.

¡Hagamos juntos un Monterrey, un México y un mundo con gran sentido comunitario!

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