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La incertidumbre y las crisis como fuente de oportunidad

01 / 13 / 2019 — José Villarreal

Sin importar si hablamos de la economía de un país, el cambio de una industria, las relaciones personales y hasta la naturaleza misma, la realidad es que nada en la vida es permanente, y esto nos exige estar siempre atentos a sus ciclos.

Hablando de México y nuestro sector, interpretar los ciclos —dónde estamos, qué pasó y qué viene— conlleva una mezcla de datos, sentido común y un ingrediente de asertividad o, lo que es lo mismo, un grado de riesgo o apuesta.

A continuación, algunos datos duros según mi entender.

México tiene 123 millones de habitantes y un bono poblacional que lo diferencia de muchos países. Tal bono significa que, actualmente, aquí nacen más personas de las que mueren. Y esto no es cosa menor: el 30 por ciento de la población nacional se ubica entre los 0 y los 14 años, y solo el 6 por ciento por encima de los 60.

La economía mexicana, comparada con Latinoamérica, se ubica en la segunda posición, solo después de Brasil y, a pesar de los malos manejos de nuestros gobernantes, se ha mantenido estable en términos de inflación y tipo de cambio en las últimas dos décadas.

El 2018 fue un año muy particular. La toma de muchas decisiones se vio frenada o suspendida ante el cambio de gobierno en nuestro país. Es natural la incertidumbre provocada por los medios, por los debates, por lo que puede representar un cambio de ideología y por una serie de ingredientes que son más de sentimiento que de fondo.

Hemos leído y escuchado noticias que afectaron a los mercados, industrias y negocios en México: la insistencia en el muro, la renegociación del TLCAN, las presiones del gobierno estadounidense a sus industrias por invertir en su país, los empresarios criticando al hoy presidente, la cancelación del aeropuerto, los fondos institucionales encendiendo las alarmas, los comentarios de políticos con poco o nulo conocimiento sobre la banca y su manejo, la seguridad en el país...

Las industrias, los negocios y las economías tienen un componente muy fuerte de percepción. El año pasado recibimos un bombardeo de emociones constantes, encontradas, no necesariamente buenas o malas, pero que sí causaron preguntas, cautela, falta de agilidad y nerviosismo.

Para mí, un problema es la angustia implícita en la falta de información. La claridad, en cambio, significa certeza: uno sabe qué hacer y, con eso, la angustia y el problema bajan su peso específico. Y este proceso es como tirar una piedra en el agua: la primera ola es grande pero, tras algunos segundos, pierde fuerza hasta deshacerse.

Hoy siento incertidumbre, pero cada vez menos. Veo con más claridad el rumbo. En la agenda ya no está el tratado; los mercados ya superaron la noticia del aeropuerto; el tipo de cambio se estabiliza; las inversiones regresan y la agenda política cada vez toma más forma y con ideas, creo, cada vez más evidentes. La primera ola ya ocurrió y las que vienen son más pequeñas.

¿Qué sigue? Me atrevo a lanzar un pronóstico y con esto regreso a la primera parte de mis comentarios.

México es un país joven, con más niños y jóvenes que adultos mayores. Por obvias razones, necesitan —al ser más en número— escuelas, fuentes de trabajo, casas, departamentos, comercio.

El mero dinamismo de nuestra demografía (dato duro) provoca que las ciudades tengan que crecer, con Trump o sin él, con AMLO o sin él. Al pasar la ola del 2018, nuestra industria no tiene alternativa más que regresar y con fuerza.

Esto se complementa con otra ley: todo sube de precio. La tierra, el acero, el concreto, el recurso humano. Lo que se construya mañana será siempre más caro que los inventarios disponibles hoy y erigidos con precios del 2017 o 2018. En resumen, el real estate es compra y los inventarios comenzarán a absorberse y ocuparse.

A la industria y las oficinas les sucederá lo mismo. Se venderán o rentarán los inventarios disponibles y, ante el crecimiento económico, las tasas en los bancos tendrán que regresar, bajarán y, al hacerlo, de nuevo será mucho mejor una inversión inmobiliaria por su ganancia en rentas y plusvalía. Retornará el mensaje de sacar el dinero del banco y, al ponerlo a trabajar, ganamos todos como país.

A nivel global, la juventud de un país tiene un beneficio no siempre evidente. Hoy, Alemania, Inglaterra, Francia y muchos otros sufren de un déficit poblacional. Esto significa que mueren más de los que nacen, su real estate se desocupa, el mercado cada día consume menos, disminuye la fuerza productiva en sus plantas y negocios.

Así que este es otro activo que tiene México. Por necesidad, cada día veremos llegar inversiones, plantas e industrias de otros países para producir lo que ya no se logra en su lugar de origen por falta de recurso humano.

Soy positivo, quiero a mi país y espero no equivocarme.

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