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¿Qué pasa con el sector inmobiliario cuando suben las tasas de interés?

05 / 04 / 2017 — Jorge Guajardo

Los bancos centrales realizan ajustes a las tasas de interés buscando mantener la estabilidad de los países según las condiciones de los mercados. Estos movimientos incentivan o desincentivan el gasto con el fin de encaminar la economía nacional.

Tras la crisis del 2008, la Reserva Federal (Fed) de los Estados Unidos mantuvo las tasas de interés de corto plazo a niveles cercanos a cero para estimular la inversión y el consumo, en su momento muy deprimidos por la desconfianza y la incertidumbre.

En el sector inmobiliario, este tipo de decisiones despierta el apetito por la compra de inmuebles. El desarrollo aumenta y es financiado con deuda muy accesible, lo que ayuda a apalancar los proyectos y engrosar los retornos para los inversionistas.

Sin embargo, conforme el crecimiento y el empleo llegan a niveles deseables, la Fed comienza a tomar otras decisiones. Incrementa las tasas para frenar el gasto, aquello que antes había incentivado, pero que ahora debe contrarrestar antes de que la inflación se salga de control. Esto genera un apetito por la moneda estadounidense, resultando en una revalorización del dólar.

Teniendo un mundo globalizado, lo que pasa en Estados Unidos no se queda en Estados Unidos. Los movimientos crean, a su vez, respuestas en bancos centrales de otros países, máxime si estos son muy dependientes de la economía estadounidense.

Tal es el caso de México, donde el peso sufre con el aumento del valor del dólar. Como muchos productos están dolarizados, la inflación mexicana no se da necesariamente por un incremento en el consumo debido a una mejora económica, sino por la devaluación de su moneda y el encarecimiento de los productos importados. Si a estas variables se les suman las del mercado nacional, México se ubica en un panorama muy distinto al de Estados Unidos.

Así, a partir de 2016, el Banco de México (Banxico) ha incrementado las tasas de corto plazo como estrategia para contener las presiones inflacionarias empujadas por la depreciación del peso y la escalada en los costos de la gasolina.

Lo lógico es que este movimiento produzca una disminución en el ánimo de compra y desarrollo de bienes raíces. Sin embargo, esto no cambia la realidad de que el país requiere de inversión y consumo para que su economía permanezca en crecimiento.

El alza de las tasas es un mal necesario, pero el país continuará su curso. La inversión seguirá, aunque adecuada a las circunstancias. Debido al alto costo del dinero los inversionistas exigirán mejores rendimientos.

La buena noticia es que los bienes inmuebles seguirán siendo demandados, difícilmente se devalúan y son una excelente manera de blindar su capital ante la agitación de los mercados. Además, puesto que algunos se cotizan en dólares, sostendrán su rumbo al alza, independientemente de las condiciones de la economía mexicana.

Así mismo, hay que tener en cuenta que un dólar a 20 pesos vuelve muy atractivo para los extranjeros venir a nuestro país, ya que sus dólares les rinden mucho más. Un dólar fortalecido impulsa el turismo y es una ventaja para los extranjeros que pretendan adquirir un inmueble en México, lo cual ya se puede observar en algunas zonas como ciudades fronterizas, regiones con playa o centros históricos.

Las oportunidades existen. Para descubrir las mejores, los inversionistas habrán de ser más selectivos.

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